Hiram Bithorn, producto de la clase de educación física en la escuela pública. Maestro: Francisco “Ciquí” Faberllé
La escuela pública como la conocemos hoy día tuvo sus inicios bajo la primera ley orgánica del régimen estadounidense, llamada Ley Foracker (1900). Esta creó los cursos de educación física que tuvieron un enfoque deportivo a partir de la década del 20. Así lo establecen en su investigación al respecto, Farah Ramírez Marrero, Lucía del Rosario y Naydi Nazario:
Para el 1906, luego de la ocupación estadounidense en Puerto Rico, se organizaron deportes competitivos para varones en las escuelas intermedias y superiores del país. Estos participaban en los deportes de atletismo, béisbol, voleibol y baloncesto.
Hiram Bithorn (1916-1959), nuestro primer jugador profesional en las Grandes Ligas de EE. UU., hizo sus grados elementales en la escuela Luchetti de Santurce. Allí se expuso al deporte demostrando talento para ello. Toda la familia promovía el deporte. Este aspecto fue fundamental en el niño Hiram. Un accidente en las vías del tren le hizo perder dos dedos de su pie izquierdo. Algunos biógrafos sostienen que fue sólo el dedo gordo. Lo cierto es que sus hermanos, Waldemar, voleibolista, y Rafael, destacado en salto y también en voleibol, le instaron a superarse y a seguir en el camino del deporte (Jorge Fidel López, Sobre la vida de Hiram Gabriel Bithorn Sosa, 1) Es que de niño Hiram se proyectaba como una promesa deportiva por sus habilidades, promesa que cumplió, teniendo de fondo la preparación que adquirió en la escuela pública Central High de Santurce.
El maestro de educación física: Francisco “Ciquí” Faberllé
El maestro de educación física de la escuela Central High, a la cual entró Bithorn de catorce años, Francisco “Ciquí” Faberllé, observó el potencial del adolescente desde su entrada a la misma. El primer deporte en el que descolló el joven fue el baloncesto a partir de 1931. Luego añadió el voleibol cerca de 1934 (2). Su rendimiento le valió ser escogido para componer la delegación puertorriqueña para los III Juegos Centroamericanos y del Caribe en 1935. Fue parte del equipo de baloncesto y del equipo de voleibol nacional.
Los compañeros de Hiram Bithorn en el baloncesto fueron Germán Cestero, Rafita Martínez Flores, Sebastián Barea, Roberto Martínez Flores, Eligio Armstrong, Ramón Cestero, Manolo Iglesias, Francisco Gelpi, Fernando Torres Collac, Onofre Caballeira. Nuestro ilustre portó la camiseta con el número ocho y alcanzó dos canastos. Ganaron cuatro partidos de los cinco que jugaron alcanzando la medalla de bronce. Ganaron México y Cuba, primer y segundo lugar. El equipo de voleibol estuvo compuesto por Antero Narváez, Carlos Jorge Noa, Manuel Ángel Rodríguez, Avelino Romeau, Fernando G. Noa y, por supuesto, el joven Bithorn. Obtuvieron medalla de plata ganándole a Cuba y perdiendo ante México (3).
Una publicación del periódico El Mundo nos da una idea más clara de cómo fue el desenvolvimiento deportivo del más joven de la delegación: “En Centroamérica jugó en el equipo de volley ball siendo uno de los más temidos rivales de las selecciones de otras naciones. Jugó en baloncesto, participando en un partido solo 1 minuto y medio escaso, anotando dos canastos y una tirada libre en ese momento” (3).
Inicios en el béisbol. Otra vez el maestro Ciquí.
Según constata el biógrafo Jorge Fidel López Vélez, frente a la casa de Carmen Sosa e Hiram Bithorn, padres de nuestro ilustre pelotero, en Santurce, específicamente en la calle Figueroa, había un terreno baldío. Los niños y muchachitos del vecindario lo convirtieron en un parque de pelota. El niño Bithorn fue dirigente de los equipos allí creados, una especie de liga infantil, en la cual también jugaban sus hermanos mayores, Waldemar y Fernando.
El maestro de educación física, el valioso Francisco “Ciquí” Faberllé, al ver su aptitud para el béisbol, lo reclutó para la novena escolar, pero lo dejaba en el banco. Faberllé era un conocedor preclaro del deporte de la bola y el bate. Importante resaltar que llevó a varias novenas a triunfar, tanto en el país como a nivel internacional. Este maestro de educación física fue el dirigente de la novena femenina que ganó los Centroamericanos en Barranquilla, Colombia, de 1946. El equipo contó con la legendaria, también ilustre de Autógrafo, Rebekah Colberg.
La historia de Ciquí Faberllé apoya su decisión de entrenar en varios deportes a su alumno Hiram Bithorn. Él mismo había sido de los primeros atletas que conformaron el grupo predecesor que luego se convirtió en la Federación de Atletismo de Puerto Rico (Editorial Deportiva Caín FB/1/06/2022) También había sido miembro de la novena de la Ponce High bajo la dirección de E. N. Gerrish (López Vélez 2). Para la década del 20 los supervisores del deporte en las escuelas nombraron a los primeros instructores atléticos, entre ellos Ciquí Faberllé. (Editorial Deportiva Caín-FB/1/06/2022). El pintor Miguel Pou lo inmortalizó en la pintura Retrato de Ciquí, que se encuentra en el Museo de Arte de Ponce.
Para que tengamos una idea más profunda del calibre de Ciquí Faberllé, veamos cómo lo describe Christy Mathewson en la columna “Mundo Deportivas” del periódico El Mundo del 14 de septiembre de 1925:
El hecho hoy de que Francisco Faberllé haya sido la mayoría de las veces “lead off man” en las novenas donde ha militado demuestra la clase de bateador que ha sido siempre. Hoy durante el primer año del famoso Sports la novena más agresiva, en el uso del bate, Faberllé fue el premier de los loggers de su team. Por ser el “lead-off man” de aquel coloso, así hace uso de la majagua muy a menudo; mucho más que sus otros compañeros; hundiéndose en la necesidad de batear un buen número de indiscutibles para alcanzar el promedio de 450%. Al siguiente año Monchile fue el hitter más peligroso de la novena. Beitía le seguía y Ciquí bajó a tercer lugar, lo cual no es malo. Todos los jugadores han tenido sus días de torpeza en el juego; todos han sufrido sus bajas (slump). Ciquí ha tenido desde luego las suyas; pero ha sabido salir a flote nuevamente mientras que ha habido formidabilísimos sluggers que después de hundirse en el slump no han resucitado más… Siete u ocho años atrás habían hitters que superaban un poco a Ciquí o bateaban con igual maestría que él; pero ¿dónde están aquellos rivales de Faberllé hoy? Como diría un Yankee “Ciquí en su larga carrera have-out-stripped a los hitters de aquellos tiempos y a muchos de estos él los ha dejado atrás”…
Como se observa, el maestro Faberllé, cuidaba de Bithorn como si fuera a sí mismo. Sabía de las capacidades inmensas de este para las ramas deportivas. Le inculcó una férrea disciplina, la perseverancia y el enfoque en sus deberes. El entrenamiento polideportivo exigía mucho cuidado con el cuerpo y la mente. Evitar lesiones y cancelar toda tentación de soberbia eran parte del entrenamiento colosal.
El equipo de pelota estudiantil era conocido como Los Leones de la Central High. El cuadro regular estaba compuesto por otros estudiantes. Sucede que Hiram, como vimos, era un deportista de calibre en baloncesto y voleibol, por lo tanto, Faberllé debía llevarlo poco a poco en este tercer deporte. Su primera oportunidad la tuvo cuando el equipo centralino jugó en Aguadilla. Allí fungió como lanzador, posición que marcaría el resto de sus días. Su gran oportunidad ocurrió en Ponce. Había doble juego, en la mañana y en la tarde. Los lanzadores, Roberto Ayala y Manolín Rosario, salieron del primer encuentro incapaces de jugar otro juego. Necesitaban descansar. Entonces el maestro Ciquí Faberllé llamó a Hiram, que ni siquiera tenía el uniforme deportivo puesto, llevaba el de la escuela. Le pidió lo siguiente “Suéltales el brazo a todo vapor, por lo menos cuatro innings en lo que el lanzador principal, Manolín, descansa” (López Vélez 7). Para sorpresa de todos, Hiram lanzó con fuerza durante nueve entradas. La Central High ganó 4 a 0. Bithorn ponchó a nueve jugadores, bateó un triple impulsando tres carreras y anotó otra con un sencillo bateado por Pupo Álvarez. Esto le valió entrar al cuadro regular, con quien también jugó tercera base. (Como dato curioso, el siore de la Central High lo fue, el comediante más famoso de la radio, Ramón Del Rivero, Diplo) (6-7).
El biógrafo de Bithorn comparte una cita del periodista Julio Francis Edwards publicada en el periódico El Imparcial del 11 de enero de 1952. Edwards resalta cómo el deporte en las escuelas públicas fue crucial en la carrera y vida de nuestro ilustre:
Bithorn es, sin temor a equivocación, producto auténtico de las actividades escolares… Hiram Bithorn fue hechura auténtica en lo físico y en lo espiritual de la educación deportiva escolar. Fue en las escuelas de San Juan, y especialmente en la Superior Central de Santurce, donde se creó el atleta hábil y entusiasta, al calor del abnegado mentor Francisco (Ciqui) Faberllé hoy hace tres décadas.” (2)
Resultado inmediato del deporte escolar
La fama del nuevo pelotero rebasó los muros de la escuela superior. Tanto, que fue llamado a jugar en la única liga existente en San Juan, la Boys Charity School en la Parada 18 de Santurce. Jugó con el equipo Santurce Stars. Nuevamente sus dotes como lanzador llamaron la atención. El manejador de su equipo, Miguel Mike Allende, lo estimuló a perfeccionarse en el arte de lanzar la bola.
Para el campeonato local de 1932-1933, el joven Hiram Bithorn con dieciséis años, fue invitado a jugar con el Lucky Strike. Una temporada la jugó con el Aguadilla Stars y luego regresó al Lucky Star, en el que fue adquiriendo reconocimiento entre la fanaticada. Fue tan alto su rendimiento, que los periodistas Luisín Rosario y Ernesto Reyes, junto al promotor Tony Luciano, al crear la Liga Extranjera en Puerto Rico, pidieron al novato Bithorn que jugara en esta. Es decir, sería refuerzo de los equipos extranjeros que vinieran a jugar al país.
A Puerto Rico llegó Vic Harris, dirigente de los Brooklyn Eagles. El equipo confrontaba problemas económicos y se confiaba que estos juegos de exhibición servirían de entrenamiento para luego enfrentarse contra los Cincinatti Reds. Bithorn llamó la atención de Harris. Su lanzador, Leon Day, se enfermó, así que decidió reclutar al puertorriqueño. El juego de exhibición era contra los Aztecas en el Parque del Escambrón. En el público se encontraba Ted Norbert. Sabía del calibre de Bithorn, pues lo vio lanzar en un juego especial que se había realizado ese 1933 en Guayama. Un seleccionado de jugadores puertorriqueños se enfrentó a jugadores estadounidenses pertenecientes al equipo Richmond. Bithorn los derrotó 10 a 2. Así que Norbert vino al juego de los Brooklyn Eagles contra Los Aztecas como escucha, para reconfirmar su decisión de recomendar a Hiram Bithorn como jugador para los Yankees de Nueva York.
El 29 de enero de 1936 Ted Norbert anunció que firmaría a nuestro Hiram Bithorn, de veinte años, como profesional del béisbol. Fue firmado inicialmente por uno de los equipos pertenecientes a las fincas de prospectos de los Yankees, el Norfolk (9-14). Como es conocido, el puertorriqueño jugó ocho años en las ligas hasta que el 15 de abril de 1942, con veintiséis años, jugó su primer partido en las Grandes Ligas con los Chicago Cubs.
Reflexión final.
Para que conozcas más sobre este gran deportista nuestro, te invitamos a ver su autógrafo en https://autografo.tv/hiram-bithorn/ y varios de nuestros blogs, en los cuales traemos otros ángulos de su vida. Sin embargo, no podemos cerrar este escrito sin mencionar que Bithorn también fue dirigente de los Senadores de San Juan. Amaba regresar a Puerto Rico y jugar con sus compueblanos. Ese jugador que fue y ese dirigente contenían en su esencia el espíritu de su maestro de educación física y mentor Francisco “Ciquí” Faberllé.
Para reflexionar queda pensar un poco en cómo manejó Hiram Bithorn, el jugador de Grandes Ligas, el momento en que tuvo que enfrentarse al racismo de la época habiendo sido pupilo de Faberllé. Según fue tomando notoriedad un sector de la prensa estadounidense encendió el rumor de que Bithorn, hombre blanco, tenía sangre africana en sus venas. La administración de los Cubs de Chicago lidió con el acoso étnico corrigiendo su biografía, en la cual ahora se enfatizaba su ascendencia holandesa y española. No obstante, los jugadores latinos recibían burlas todo el tiempo por razones de su origen. Quizás por eso se le recuerda como una persona callada, que sólo hablaba con los demás si le hablaban (8-9). Es de suponer, que la figura de Francisco “Ciquí” Faberllé, su maestro de educación física negro estuvo presente en el joven todo el tiempo, amén de su experiencia deportiva en Puerto Rico que gozaba de la diversidad étnica que nos define. Ciquí lo había llevado por el camino de la disciplina y el enfoque, esto también le valió para no sucumbir al racismo.
Sigamos fomentando el deporte en nuestras escuelas.

