Notas biográficas de Braulio Dueño Colón

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Nacimiento

Braulio Dueño Colón nació en la calle Sol del Viejo San Juan el 26 de marzo de 1854, en una casa contigua al Castillo San Cristóbal.

Trasfondo familiar

Descendía de inmigrantes venezolanos. Su bisabuelo, Francisco Dueño llegó a Puerto Rico a principios del siglo XIX donde procreó su familia.

Sus padres fueron don Aurelio Dueño y doña Nicasia Colón.

Don Aurelio Dueño se desempeñaba como Procurador de la Real Audiencia de Puerto Rico aunque su gran afición era la música.

Tocaba el contrabajo y el violoncelo e integraba un cuarteto de cuerdas compuesto por un músico alemán que tocaba el primer violín y dos músicos puertorriqueños que tocaban, el primero la viola y el segundo el violín. Además gustaba de las peleas de gallos, del juego, las fiestas y la vida bohemia.

Fue le primer maestro de música de Braulio y su hermano Manuel. Según Alejandro Tapia y Rivera, don Aurelio Dueño trató de reformar la Danza puertorriqueña mucho antes que el compositor puertorriqueño Gregorio Tavárez.

Don Aurelio murió de tuberculosis y Braulio – el único sobreviviente de la familia –una vez murieron su hermano Manuel y su madre, se mudó a Mayagüez luego de quemar la ropa, vender los muebles y cerrar la casa donde vivió con sus padres en San Juan.

En Mayagüez fue a vivir con un tío llamado Eladio Dueño donde residió por poco tiempo, ya que decidió regresarse a San Juan para trabajar y continuar con la música. Fue auxiliar del tenedor de libros de la casa comercial de Felipe Heche, al mismo tiempo que tocaba la flauta en alguna de las compañías de ópera que se presentaban en la Isla y que reclutaban músicos l patio para sus presentaciones.

Aunque su pasión era la música, para sobrevivir y poder mantener a su familia ejerció por más de 20 años el oficio de Contable.

Vivió en Bayamón gran parte de su vida. Se casó con una prima llamada Julia Dueño con quién procreó una familia numerosa entre las que se destacaron sus hijas Patria y Belén, las cuales se dedicaron a las letras y a la música, respectivamente. Julia era una mujer elegante y fue muy importante en la vida de Dueño, porque no sólo se dedicó a criar a las hijas y a educarlas sino a complacerle muchos caprichos al músico.

Sobre el carácter de Dueño se dice que en nada tenía que ver con la jovialidad de su música. Quizás por sus rebeldías primero, contra el autoritarismo del gobierno español y a partir del 1898 por sus desilusiones con el régimen norteamericano,  o sencillamente por sus pesares familiares, Braulio era poco comunicativo. Los que le conocieron admiten que no era fácil entablar una conversación amistosa con él. A primera vista parecía huraño, serio y como lo expresa uno de sus biógrafos – Fernando Callejo y Ferrer –era “austero, pesimista, receloso”.  De ahí – expresa Callejo – a que aparentara un temperamento frío e indiferente. Sin embargo, los que conocieron su vida íntima aseguran que en el calor del hogar y entre amigos era jovial y gozaba de la compañía de los niños y niñas a quienes solía jugarle bromas. Sobre este aspecto de su carácter, para muchos poco conocido, vale mencionar que fue uno de los principales colaboradores del seminario satírico Pica Pica donde publicaba sus columnas con el seudónimo de “Pitirre”.

Fue masón y muy religioso. Bajo el gobierno español fue perseguido y apresado por sus ideas liberales y por su práctica de la masonería, ya que en aquella época el gobierno consideraba desafectos a aquellas personas como Braulio deseaban mayores derechos para los hijos de Puerto Rico. Fue masón hasta alcanzar el grado 30, el más alto al que se podía aspirar dentro de esa organización en la Isla. La masonería – como lo define su discípula la Dra. Isabel Gutiérrez del Arroyo—algo “fue instrumento de acción clandestina del liberalismo, de su credo político-social y de su anticlericalismo”. Esta historiadora asegura que don Braulio era anticlerical pero igualmente un hombre de firmes convicciones religiosas.

Obra

Braulio fue músico instrumentista, director, compositor y musicólogo, pero sobretodo maestro, como lo indica Ángel Mergal en su Guía para el maestro de música, de Semántica musical y otros estudios (1963).

Su primera obra, una fantasía para violín y flauta, la compuso a la edad de 12 años. Para esos años se destacaba como flautista y tocaba en las diferentes compañías de opera que visitaban la Isla.

Fue flautista y compositor de la capilla de la Santa Catedral durante muchos años. También fue flautista en la iglesia de la Santa Cruz de Bayamón donde solía tocar durante las fiestas patronales de ese pueblo. Cuenta su hijo Manuel que en su casa de Bayamón cuando padre e hijo practicaban su repertorio, la gente del pueblo se acercaba a las ventanas desde donde aplaudían y escuchaban al músico hasta muy entrada la noche.

Dueño fue también director de la Banda de Voluntarios de Bayamón donde solía tocar una pequeña flauta llamada tercerola.

Compuso su primera danza, Las dos Rosas, a los 15 años y a los 23 años su primera composición sinfónica, La Amistad, la cual fue premiada por el Ateneo de Puerto Rico en 1877.

Sobre su talento para la composición, los expertos que le conocían afirmaban que parte de su genialidad se debía a que estaba dotado de un oído muy fino y de un perfecto sentido para el tono.

Una de sus grandes aportaciones como maestro de música al pueblo de Puerto Rico fue una colección de libros titulados Canciones Escolares, que publicara con la colaboración del escritor Manuel Fernández Juncos. Con estos cancioneros buscaba llevar a la población escolar del país un mensaje musical que le identificara con su tierra. En este sentido su música de principios de siglo XX formó parte del mismo movimiento que formaron otros intelectuales desde otros campos de la creación, como la poesía, las artes plásticas y el periodismo. Entre ellos encontramos a su íntimo amigo, el poeta Virgilio Dávila y a Luis Lloréns Torres, entre otros.

Las canciones llevaban títulos que recordaban estampas de nuestro paisaje y símbolos tan arraigados al sentimiento patriótico como la bandera y la tierra. Así sobresalen sus canciones El Platanar, El Mangó y La Terruca, esta última compuesta por Virgilio Dávila. Además del canto romántico a la patria y a la tierra puertorriqueña, Dueño también interesó destacar la dimensión hispanoamericana de nuestra cultura. Buscaba integrar nuestro pequeño mundo isleño, a través de la música y las canciones, al amplio y rico universo de la cultura hispánica americana. Era una forma de trasmitirle a los puertorriqueños que la Isla, a pesar de su destino político desde 1898, era parte de un imperio cultural sólido y abundante. Con este propósito integró canciones de la tradición popular latinoamericana en los cancioneros que irían a nuestra población escolar.

Según Ángel Mergal, Braulio Dueño perfeccionó nuestra danza de manera significativa. En sus palabras es nuestro compositor quién le imparte a la danza “perfección cabal, rica en su contenido, profunda emoción, en una palabra, logra la plenitud y la sobriedad de lo clásico”.

Algunas de sus danzas más conocidas son Delia y Belén, La Criolla, Patria, La Jíbara Alegre, Teresa, Luz y Sombra y La Esmeralda.

Entre sus sinfonías sobresale Ecos de mi Tierra, la cuál según algunos de sus estudiosos es su mejor obra sinfónica.

Después de Ecos de mi Tierra, Dueño se dedicó a componer música religiosa. Compuso salves, letanías, un pópulo meo, un credo para mezo soprano con acompañamiento de órgano y melodías para órgano, flauta y violín.

Según su hijo Manuel, se sentaba los domingos por la mañana a la mesa del comedor que le servía de escritorio y utilizando una pluma de ganso que él mismo cortaba con una cuchilla, la aplicaba apretada sobre el pentagrama. Escribía todo el día hasta el atardecer, de manera que llegada la hora de cenar la mesa se hallaba cubierta de papeles de música.

Una de sus últimas composiciones es “la Danza Negra”, canción inspirada en los versos de Luis Palés Matos. Su melodía expresa los cantos de los esclavos cuando celebraban sus fiestas. Para escribirla, Dueño adoptó una escala pentatónica con la que logra el efecto de cinco gritos que parecen estallar al sonar de los bombos y tambores. Cuando Luis Palés Matos conoció la obra de Dueño le envió una carta. Mucha de su música está inédita, quizás porque su autor la compuso guiado por su amor al arte y no con miras a enriquecerse.

Educación

Su primer maestro de música fue su padre. Luego tomó clases de flauta con un director de orquesta de una de las óperas italianas que visitaban la Isla cuyo nombre era de apellido Aruti. En su juventud había tomado clases de solfeo y teoría musical con nuestro maestro en la Isla. Según Fernando Callejo Ferrer, los conocimientos sobre composición musical los adquirió a través de la lectura y el estudio de libros de teóricos de renombre como Durand, Richter, Asioti y otros.

Según su hijo Manuel, Braulio se dedicó durante los últimos 20 años de su vida casi enteramente a la composición, dejando a un segundo plano su afición por la flauta.

Muerte

Murió en Bayamón el 4 de abril de 1934. Padecía de asma y de desórdenes cardiovasculares. A los 83 años, presintiendo su muerte, le pidió a su hija Isabel que le interpretara El Ave María, cuando ésta terminó el músico había expirado acompañado de su familia y la música, su más grande amor.